En este artículo, el Prof. Walter Ricardo Costa propone una reflexión crítica sobre el modo en que se diseñan los sistemas de Tecnologías Electrónicas Aplicadas a la Seguridad (TEAS).
El eje no está en la tecnología disponible, sino en el punto de partida metodológico: el estudio de riesgo como condición fundacional del diseño.
Una invitación a revisar prácticas habituales y elevar el nivel profesional del sector:
Si
el riesgo no es estándar, el diseño tampoco debería serlo
Durante los últimos años hemos hablado mucho de tecnología. Nuevos paneles, comunicaciones IP, integración con videovigilancia, confirmación técnica, automatización. El sector ha evolucionado, y eso es innegable.
Pero hay una pregunta que, sinceramente, creo que todavía no estamos abordando con la profundidad que merece:
¿Estamos diseñando sistemas en función de un estudio real del riesgo o estamos partiendo de soluciones previamente armadas?
El riesgo no es estándar.
Nunca lo fue.
No es lo mismo una vivienda con baja exposición que un comercio con antecedentes en la zona. No es igual un objetivo con tránsito ocasional que uno con concentración de bienes o impacto reputacional significativo. Sin embargo, muchas veces el proceso comienza con un presupuesto y no con un diagnóstico.
Las normas técnicas vinculan el grado del sistema al nivel de riesgo identificado. Y el marco de gestión del riesgo —como lo establece la ISO 31000— es claro: primero se analiza; después se decide cómo tratarlo.
Si el análisis no existe, el diseño deja de ser técnico y pasa a ser intuitivo.
Cuando el diseño es intuitivo, inevitablemente termina estandarizado.
Tal vez el próximo salto de madurez de nuestra industria no sea tecnológico, sino metodológico.
Aplicar de manera sistemática un estudio de riesgo previo al diseño no es burocracia, es responsabilidad profesional. Es ordenar el proceso y fundamentar las decisiones.
Un estudio serio —aunque sea sencillo— debería permitirnos comprender el contexto del objetivo, identificar amenazas probables, reconocer vulnerabilidades y dimensionar el impacto de un evento adverso.
Recién después de ese ejercicio tiene sentido definir el grado del sistema, el tipo de detección, la necesidad de confirmación o la integración con otras tecnologías.
No se trata de vender más pero sí, de diseñar mejor.
Cuando el cliente recibe únicamente un presupuesto, compara números.
Cuando recibe un diagnóstico, empieza a comprender criterios.
Y acá es donde quiero dejar planteado el desafío.
Quizás ha llegado el momento definitivo de asumir que ningún diseño debería iniciarse sin un estudio de riesgo previo, por más sencillo que sea. No hacerlo como una formalidad ni como un discurso, sino como una práctica real.
Si el riesgo no es estándar, el diseño tampoco debería serlo.
La pregunta es si estamos dispuestos, como sector, a dar ese paso.
A salir de la comodidad del modelo estandarizado y empezar a fundamentar técnicamente cada decisión.
El debate está abierto.
Autor
Prof. Walter Ricardo Costa
CEO – SESYTEL Solutions
Consultor IRAM en Tecnologías Electrónicas Aplicadas a la Seguridad (TEAS)
Coordinador de la Comisión Técnica de CEMARA