La uberización del monitoreo de alarmas

¿Quién necesita una empresa de monitoreo cuando una aplicación promete hacerlo todo?
2 de junio de 2026 por
marketing
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Durante años, el automonitoreo fue visto por gran parte de nuestra industria como una alternativa de alcance limitado. La razón era simple: el usuario debía estar disponible, interpretar correctamente los eventos, tomar decisiones adecuadas y actuar en consecuencia. Y ese "actuar en consecuencia" muchas veces significaba enfrentar una situación de estrés, verificar información incompleta e incluso interactuar con autoridades públicas o servicios de emergencia. En otras palabras, debía asumir tareas y responsabilidades que tradicionalmente eran gestionadas por una empresa profesional de monitoreo.

Sin embargo, algo está cambiando.

La irrupción de la inteligencia artificial comienza a eliminar muchas de las limitaciones históricas del automonitoreo. Hoy una aplicación puede recibir eventos, analizarlos, priorizarlos, correlacionarlos con imágenes o videos e incluso sugerir acciones al usuario. Lo que hace pocos años parecía inviable, hoy comienza a ser técnicamente posible.

Y es aquí donde aparece una pregunta incómoda para nuestro sector.

La amenaza no es la inteligencia artificial.

La amenaza es que el cliente comience a preguntarse si realmente necesita una empresa de monitoreo.

Porque si una aplicación recibe la señal, una IA la interpreta y el usuario recibe una recomendación sobre qué hacer, muchos podrían concluir que la empresa ha dejado de ser necesaria.

Pero ¿es realmente así?

Las empresas de monitoreo no solo reciben señales. También gestionan procedimientos, asumen responsabilidades y operan dentro de marcos regulatorios específicos. Cuentan con habilitaciones otorgadas por las autoridades competentes, cumplen requisitos normativos, mantienen registros, capacitan personal, sostienen infraestructura crítica y responden ante organismos de control y autoridades de aplicación.

Una aplicación no posee habilitación.

Un algoritmo no tiene responsable técnico.

Una inteligencia artificial no responde ante una autoridad pública.

Y esta diferencia podría transformarse en uno de los grandes debates de los próximos años.

Si la tecnología comienza a reemplazar funciones tradicionalmente desarrolladas por empresas habilitadas, ¿debería también asumir las mismas exigencias, responsabilidades y controles?

La pregunta no es menor. En jurisdicciones como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las empresas desarrollan su actividad dentro de marcos regulatorios específicos. Del mismo modo, las normas técnicas construidas durante décadas por el sector establecen criterios de organización, operación, trazabilidad, continuidad y calidad de servicio que difícilmente puedan resumirse en una aplicación móvil o en un algoritmo.

Quizás el verdadero desafío para nuestra actividad no sea competir contra la inteligencia artificial. Tal vez el desafío sea demostrar que el valor de una empresa de monitoreo va mucho más allá de la simple recepción de eventos.

La tecnología seguirá avanzando. Y probablemente lo haga a una velocidad cada vez mayor.

La pregunta es si nosotros evolucionaremos junto con ella o si permitiremos que la promesa del automonitoreo del siglo XXI termine reemplazando aquello que durante décadas construyó nuestra industria.

Porque, al final, la cuestión ya no parece ser qué puede hacer la inteligencia artificial.

La cuestión es qué lugar ocuparán las empresas de monitoreo en ese nuevo escenario.

Prof. Walter Ricardo Costa
Coordinador de la Comisión Técnica – CEMARA

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