La Inteligencia Artificial no puede inventar lo que su sistema nunca aprendió a detectar

Por qué la IRAM 4177 podría ser más importante en la era de la IA que cuando fue creada
4 de junio de 2026 por
marketing
| Todavía no hay comentarios

Hace algunos años miles de sistemas de alarma quedaron viejos de un día para otro. No se habían roto, tampoco habían dejado de detectar y mucho menos estaban mal instalados. Simplemente el mundo había seguido avanzando.


La desaparición progresiva de tecnologías de conectividad como 2G y 3G dejó al descubierto una realidad que muchos prefirieron ignorar: los sistemas también envejecen. Aquello fue una lección sobre mantenimiento evolutivo.


Sin embargo, tengo la sensación de que estamos frente a un cambio todavía más profundo. Y esta vez el problema no será la conectividad. Será la información.


Mientras gran parte de nuestra industria discute cómo incorporar Inteligencia Artificial a los Centros Receptores y de Supervisión de Alarmas (CRA), me gustaría plantear una duda previa. ¿Estamos seguros de que nuestros sistemas generan la información que la Inteligencia Artificial necesita para trabajar?


Porque una cosa es comprar una herramienta de IA y otra muy distinta es tener algo inteligente para darle de comer. Podemos contratar la mejor plataforma del mercado, incorporar algoritmos cada vez más sofisticados y automatizar procesos. Pero si el sistema solamente informa "Zona 3 en alarma", ¿qué pretendemos que haga la Inteligencia Artificial con eso?


La máquina puede ser muy inteligente, pero el problema es que nosotros seguimos entregándole muy poca información.


Y aquí es donde aparece una vieja conocida de nuestra actividad: la IRAM 4177.


Durante años muchos interpretamos esta norma principalmente como una herramienta destinada a reducir alarmas no deseadas. Y es verdad que cumple esa función. Sin embargo, sospecho que el tiempo terminará demostrando que su importancia era mucho mayor de lo que imaginábamos. Porque la IRAM 4177, en el fondo, no habla solamente de alarmas. Habla de información. Habla de contexto. Habla de aumentar la certeza sobre lo que realmente está ocurriendo.


Tomemos un ejemplo sencillo. Un detector se activa. ¿Qué significa eso? La respuesta correcta es: depende. Puede tratarse de una intrusión, de un error de operación, de una condición ambiental o de una alarma no deseada. Con una única activación sabemos muy poco.


Ahora imaginemos otra situación. Se activa un detector. Segundos después se activa otro. Luego un tercero. La secuencia es compatible con el desplazamiento de una persona dentro de la propiedad. De pronto la situación cambia. Ya no estamos frente a una señal aislada. Estamos frente a información.


Y la diferencia entre una señal y la información es enorme.


Un operador experimentado lo sabe. Frente a una secuencia lógica de activaciones comienza a construir una hipótesis sobre lo que está ocurriendo. La Inteligencia Artificial necesita exactamente lo mismo: contexto.


Por eso creo que la confirmación secuencial merece una nueva lectura. No solamente porque ayuda a mejorar la respuesta operativa o a reducir alarmas no deseadas. También porque genera algo que será cada vez más valioso en los próximos años: información contextualizada.


Algunos pensarán inmediatamente en cámaras. Sin embargo, no estoy convencido de que allí esté el núcleo del asunto. Existen ámbitos donde la videoconfirmación resulta extraordinariamente útil y otros donde la privacidad y la intimidad de las personas aconsejan ser extremadamente prudentes.


La confirmación secuencial, en cambio, permite generar contexto sin necesidad de invadir esos espacios. Permite correlacionar eventos, construir evidencia y comprender mejor lo que está ocurriendo. Todo ello puede ser aprovechado por sistemas inteligentes.


Por eso me pregunto si no estaremos enfocando mal la discusión. Quizás el debate no sea cómo incorporar Inteligencia Artificial. Quizás el verdadero debate sea cómo diseñar sistemas capaces de producir la información que la Inteligencia Artificial necesita.


La diferencia no es menor.


Durante años el mantenimiento evolutivo estuvo asociado a nuevos comunicadores, nuevas redes y nuevos protocolos. Ahora aparece una exigencia diferente. No basta con que el sistema siga comunicando. También debe ser capaz de generar información de calidad.


Porque un sistema puede seguir funcionando perfectamente y, aun así, estar quedando tecnológicamente atrasado. No por falta de conectividad, sino por falta de contexto.


Y aquí aparece una idea que me gustaría dejar planteada para la discusión. Tal vez la próxima obsolescencia de nuestra industria no sea de hardware. No sea de software. No sea de comunicaciones.


Tal vez la próxima obsolescencia sea informacional.


Tal vez descubramos que muchos sistemas siguen transmitiendo eventos, pero generan demasiado poca información para que las nuevas herramientas inteligentes aporten todo su potencial.


Si eso ocurre, algunas normas técnicas que durante años fueron vistas como herramientas operativas adquirirán una importancia completamente nueva. Entre ellas, la IRAM 4177.


Porque la Inteligencia Artificial podrá aprender muchas cosas. Pero jamás podrá aprender aquello que nuestros sistemas nunca fueron capaces de observar.


Prof. Walter Ricardo Costa

Consultor en Tecnologías Electrónicas Aplicadas a la Seguridad (TEAS)

Coordinador de la Comisión Técnica de CEMARA

Representante de CEMARA e IUPFA ante IRAM

Iniciar sesión dejar un comentario