Mientras el sector discute cuántos operadores reemplazará la Inteligencia Artificial, muy pocos se preguntan si los sistemas de alarma que hoy instalamos fueron concebidos para generar la información que una IA necesita para tomar decisiones confiables.
Desde que la Inteligencia Artificial comenzó a incorporarse a nuestra actividad, gran parte del debate parece concentrarse en una misma pregunta: ¿cuántos operadores reemplazará?
Se trata, sin duda, de una pregunta válida. De hecho, estoy convencido de que la IA modificará profundamente la operación de los Centros Receptores de Alarmas y permitirá gestionar un mayor volumen de eventos con una menor intervención humana. Sin embargo, creo que estamos comenzando la discusión por el final.
Antes de preguntarnos qué ocurrirá dentro del CRA, deberíamos preguntarnos qué ocurre mucho antes: allí donde nace la información que el CRA recibe.
Porque la Inteligencia Artificial no trabaja con intuiciones ni con la experiencia acumulada de un operador; trabaja con la información que el sistema de alarma es capaz de suministrarle. En consecuencia, si esa información es incompleta, ambigua o poco precisa, tampoco podrá esperarse una buena decisión.
Por esa razón me llama la atención que, mientras el sector comienza a debatir sobre Inteligencia Artificial, todavía sean relativamente pocas las instalaciones que aplican de manera sistemática los criterios de diseño propuestos por la IRAM 4177. La norma fue concebida para mejorar la confiabilidad en la confirmación de alarmas y, aunque nació en una época en la que nadie imaginaba el escenario tecnológico actual, muchos de los principios que incorpora adquieren hoy una vigencia inesperada.
Quizás por eso algunos debates avanzan más lento que la propia tecnología.
Todavía escuchamos hablar de 'seguridad electrónica', como si la electrónica continuara siendo el elemento distintivo de nuestra actividad. Del mismo modo, aún utilizamos el término 'CCTV', cuando hace años dejamos de trabajar con simples circuitos cerrados de televisión para incorporar video digital, analítica, metadatos, integración de sistemas e Inteligencia Artificial.
No creo que se trate de una discusión terminológica. Por el contrario, considero que el lenguaje refleja la forma en que pensamos y, cuando seguimos describiendo nuestra actividad con conceptos propios del pasado, muchas veces también seguimos diseñando los sistemas con la lógica del pasado.
Hoy el verdadero activo de nuestra industria ya no es la electrónica, sino la información: esa información precisa y confiable que permite saber exactamente qué ocurrió, dónde ocurrió y qué dispositivo originó el evento.
La Inteligencia Artificial ya está poniendo en evidencia la calidad —o la falta de calidad— de muchas de las instalaciones que el sector realizó durante los últimos veinte años.
Hace más de veinte años, durante una reunión técnica de CEMARA, sostuve públicamente que agrupar varios detectores en una misma zona no representaba, a mi entender, el mejor criterio de diseño. En aquella oportunidad, esa postura fue duramente cuestionada por los directivos presentes.
En ese momento no hablábamos de Inteligencia Artificial; ni siquiera imaginábamos que algún día formaría parte de nuestra actividad. Sin embargo, mi preocupación ya era la misma que hoy, dado que siempre sostuve que, cuando varios detectores compartían una misma zona, perdíamos información.
Aquella pérdida de información tenía consecuencias muy concretas. Por un lado, complicaba las tareas de mantenimiento y service. Pero, además, afectaba la confirmación de alarmas, incrementando la probabilidad de despachos innecesarios de móviles.
Estoy convencido de que, si esos criterios de diseño se hubieran adoptado de manera más generalizada, el sector habría estado en mejores condiciones para responder a muchas de las observaciones formuladas por las autoridades responsables de la seguridad pública.
Con el paso del tiempo advertí algo que entonces era imposible prever.
Lo que hace veinte años defendía como una buena práctica de ingeniería, hoy comienza a convertirse en una condición necesaria para que una Inteligencia Artificial pueda trabajar con información de calidad.
Quizás por ello, más temprano que tarde, el sector deba debatir una evolución de la IRAM 4177 orientada específicamente a la aplicación de Inteligencia Artificial.
No estoy proponiendo reemplazar una norma que ha demostrado plenamente su utilidad. Lo que propongo es abrir un debate acerca de si la próxima generación de sistemas de alarma no requerirá también una nueva generación de criterios de diseño.
Esa evolución podría traducirse, por ejemplo, en privilegiar un detector por zona cuando técnicamente resulte posible.
Las empresas que mejor aprovecharán la Inteligencia Artificial probablemente no serán las primeras en comprar una nueva plataforma de software. Serán aquellas que, durante años, invirtieron en diseñar instalaciones capaces de generar información precisa, consistente y confiable.
La IA no puede crear la información que el sistema nunca fue capaz de generar.
Después de más de treinta y cinco años diseñando sistemas de alarma y de haber acompañado la evolución tecnológica de nuestra actividad, llegué a una conclusión.
La mayoría de los sistemas de alarma que hoy seguimos diseñando e instalando no fueron concebidos para satisfacer las necesidades de información que demandará la Inteligencia Artificial.
Y, si esa realidad no cambia, la primera revolución que la Inteligencia Artificial producirá en nuestro sector no será la sustitución de operadores. Será la necesidad de revisar muchos de los criterios con los que venimos diseñando los sistemas de alarma desde hace décadas.
La Inteligencia Artificial no va a poner en evidencia solamente cuáles son las mejores plataformas de monitoreo. Va a poner en evidencia cuáles fueron las empresas que, durante años, diseñaron sistemas capaces de generar información precisa, consistente y confiable.
Prof. Lic. Walter Ricardo Costa
Coordinador de la Comisión Técnica de CEMARA
Representante de CEMARA ante IRAM
